Reducir la pobreza extrema antes del 2030 parece ser un camino poco probable para los países que una vez se comprometieron a cumplir este Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) establecido en el 2015, motivado a que en el resto de esta década, el crecimiento económico no muestra tasas inéditas en la historia, notificó el Banco Mundial (BM) en su último estudio publicado el pasado 5 de octubre y titulado ‘La pobreza y la prosperidad compartida’.

Los avances en la reducción de la pobreza extrema básicamente se han detenido, a lo que se suma un escaso crecimiento de la economía mundial”, declaró David Malpass, presidente del BM en el documento.

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Los «pobres extremos» son personas que residen en hogares cuyos ingresos no alcanzan para adquirir una canasta básica de alimentos, de esta manera lo destinaran en su totalidad a dicho fin, explica la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Dicho estudio vaticina que con la pandemia se empujó a unos 70 millones de personas a la pobreza extrema 2020, el mayor aumento en un año desde que comenzó el seguimiento de esta cifra en 1990. En consecuencia, se calcula que 719 millones de personas subsistían con menos de USD 2,15 al día a finales de 2020.

Menciona también que se marcó un punto de inflexión histórico: la era de la convergencia de ingresos en el mundo dio paso a la divergencia. La mayor parte del costo de la pandemia recayó sobre los más pobres: entre los sectores que se ubican en el 40 % más bajo de la distribución, las pérdidas de ingresos alcanzaron un promedio del 4%, es decir, el doble que entre el 20 % más rico. Como resultado, la desigualdad mundial se elevó por primera vez en décadas

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Por su parte, Malpass manifestó que resulta preocupante el aumento de la pobreza extrema y la disminución de la prosperidad compartida provocados por la inflación, la depreciación de diversas monedas y las crisis superpuestas más generales en el ámbito del desarrollo, que supone un panorama sombrío para miles de millones de personas de todo el mundo.

Es indispensable que se introduzcan ajustes en las políticas macroeconómicas para mejorar la asignación del capital mundial, promover la estabilidad monetaria, reducir la inflación y reactivar el incremento de la mediana de los ingresos.

“La alternativa es la situación actual: desaceleración del crecimiento mundial, tasas de interés más elevadas, mayor aversión al riesgo y fragilidad en muchos países en desarrollo”, puntualiza el  presidente del BM.

Para el economista en jefe y vicepresidente sénior de Economía del Desarrollo del BM, Indermit Gill, durante la próxima década, será crucial que las economías en desarrollo inviertan para mejorar las condiciones de salud y la educación, en vista de la grave pérdida de aprendizajes y los reveses relacionados con la salud que sufrieron durante la pandemia.

En una época de endeudamiento récord y recursos fiscales escasos, esto no será fácil. Los Gobiernos deberán concentrar sus recursos en el desarrollo del capital humano y la maximización del crecimiento”, planteó Gill.

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De acuerdo con el estudio, las reformas de las políticas públicas nacionales pueden ayudar a reanudar los avances en la reducción de la pobreza. También será neecsario intensificar la cooperación internacional.

En lo que respecta a la política fiscal, recomendó a los Gobiernos actuar sin demora en tres frentes: evitar los subsidios generales y aumentar las transferencias monetarias focalizadas; enfatizar en el crecimiento a largo plazo; movilizar ingresos internos sin perjudicar a los pobres.