Los precios industriales en China llevan meses encareciéndose a una velocidad inédita en los últimos 26 años ante las disrupciones globales de las cadenas de suministro, que elevan los costes de las materias primas, y la crisis energética vivida en el país desde mediados de septiembre.

El índice de precios a la producción (IPP) ya venía acelerándose desde el segundo trimestre, pero con el final del verano se desbocó, alcanzando un crecimiento interanual del 10,7 % en septiembre que acabó por palidecer en comparación con la marca del mes siguiente, del 13,5 %, tras lo que frenó ligeramente hasta el 12,9 % de noviembre.

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Los datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) muestran que ese ritmo de avance fue el mayor desde 1995; hasta ahora, su pico más reciente databa de agosto de 2008 (10,1 %), también por una situación similar a la actual.

Carbón y metales, los protagonistas

Aunque la base comparativa ha influido, la principal causa de esta escalada es el aumento de los precios de materias como el carbón -con el que China genera en torno a un 60 % de su energía- y de metales de uso industrial como el acero o el litio, explica a Efe la economista jefe de Natixis para Asia-Pacífico, Alicia García-Herrero.

En su opinión, esa subida global de las materias primas viene de una “descompensación” entre demanda y oferta: “La demanda ha aumentado mucho al ir eliminando las situaciones de confinamiento, pero la oferta no se ha ajustado tan rápidamente porque la inversión se deprimió fuertemente durante la covid, también en extracción de materias primas”.

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La situación ha sido “aún peor” en el caso de las energías no renovables, en las que la inversión “ya no es rentable” ante la transición verde, lo que ha generado un problema “global” de suministro energético, que en China llegó a provocar políticas de racionamiento del consumo de electricidad en importantes polos industriales del país, con las consiguientes disrupciones a las cadenas de producción.

Casi todo el avance del IPP entre septiembre y octubre (+2,5 %) vino de la subida de los precios del minado y procesado de carbón, material sobre cuyo suministro saltaron todas las alarmas a mediados del décimo mes del año, cuando los contratos de futuros alcanzaron su máximo histórico.

Sin embargo, los precios han caído desde entonces a menos de la mitad ante la intervención de Pekín, que ordenó aumentar la producción y la importación de carbón, y también flexibilizó los límites de fluctuación de la electricidad, permitiendo que las compañías energéticas dejasen de operar a pérdidas al trasladar mayor parte de los costes a los consumidores, especialmente a los industriales.

“China está exportando inflación”

Por ahora, el trasvase del alza de precios a los consumidores chinos está siendo limitado -exceptuando el 2,3 % de noviembre, el IPC lleva todo el año moviéndose por debajo del 1,5 %, e incluso se contrajo en enero y febrero- en el contexto de una demanda nacional que no termina de recuperarse.

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Sin embargo, sí que se está notando en el exterior: el aumento del IPP en la “fábrica del mundo” y los atascos logísticos -que se traducen en un coste mucho mayor a la hora de transportar mercancías- han sido factores influyentes en la inflación al consumidor en Estados Unidos, en máximos desde 1982, o en Europa, la más alta desde la introducción del euro como moneda común.

“China ha pasado de exportar deflación a exportar inflación”, resume García-Herrero.

Y esto, advierte Shanshan Song, economista de HSBC, no ha terminado: “Probablemente, las tasas de inflación en los países occidentales seguirán creciendo en los próximos meses”.

¿Un fin de ciclo?

Pese al acelerón interanual del IPP, cabe destacar que en noviembre no registró variación intermensual alguna por primera vez en lo que va de año gracias a las medidas de Pekín, que incluso abarataron el carbón o los metales ferruginosos.

De hecho, según analistas del banco de inversión CICC, el récord de octubre habría marcado el final de un ciclo expansionista de cerca de un año y medio, duración similar a la que tuvo el anterior (entre 2015 y 2017).

También habrá que prestar atención al impacto de la crisis del sector inmobiliario chino, donde múltiples promotoras que atraviesan problemas de liquidez han frenado su actividad, reduciendo así la demanda de cemento o de metales industriales como el cobre y el acero, subraya Julian Evans-Pritchard, de la consultora Capital Economics.

Este experto recuerda que la economía china se encuentra en una fase de ralentización, por lo que pronostica una mayor flexibilización de las políticas monetarias por parte del Banco Popular de China (BPC, central) ante la debilidad del IPC.

HSBC cree que la situación es “transitoria” y proyecta que el IPP comenzará a decrecer tras el invierno y que avanzará un 3,4 % en 2022, 5 puntos menos que este año, mientras que CICC sitúa su pronóstico para el año que viene en torno a un 4 %, dependiendo de la transmisión de los precios de la energía.

Fuente: Banca y Negocios.