OPINIÓN | (2da. Parte) La falsa dolarización en Venezuela

OPINIÓN | (2da. Parte) La falsa dolarización en Venezuela

En América hay unos cuatro países dolarizados. Sus economías se volcaron directamente al billete verde que ha permitido salvaguardar las actividades productivas y, claro, al consumidor que, a bien o a mal, ve en la divisa norteamericana un activo de refugio en donde resistir los embates de las crisis que amenazan con quebrar a cualquier nación.

Ecuador, El Salvador, Panamá y Bahamas son los cuatro países que adoptaron al dólar como moneda oficial. La economía se bandea en dólares y absolutamente todo se cotiza con las caras de los padres fundadores de los Estados Unidos. Hay un quinto: Venezuela. Aquí no es oficial, de hecho, no puede serlo y además, es completamente falsa.

Tal como lo señalamos en la entrega anterior, en el país ubicado al norte del sur se erigió una dolarización de la mano de consumidores y comerciantes, en una apuesta, casi ahogada, por sobrevivir a la creciente e imparable hiperinflación que llevó al venezolano promedio a cobrar apenas 87 centavos.

Dijimos que era falsa, pues contrario a lo estimado, existe una verdadera repulsión por los billetes, indiferentemente del valor, que estén arrugados o algo rotos. La exigencia por una pieza en buen estado es indispensable para los comerciantes e incluso para los mismos portadores que, ante la petición, no tienen de otra salvo tratar de conseguir, a duras penas, un billete que “valga la pena”.

Esto está mal, sobre todo si nos vamos a la comparación con los cuatro primeros países reseñados, pues resulta que en esas naciones, así como en el país emisor, Estados Unidos, de verdad no importa lo dañado de un billete (por supuesto, sin caer en la exageración) pues simplemente vale y valdrá lo mismo. Es algo, desde luego, de lógica y sentido común.

Estas comparaciones, claramente, yacen netamente en el pensamiento del consumidor. Es técnicamente imposible comparar los procesos de dolarización formal que se dieron en estos cuatro países, pues en Venezuela no se podrá dar. Las sanciones, la ideología política y, claro, la renuencia de los gobernantes que se hacen llamar socialistas; harán incapaz un traspaso del deteriorado y golpeado bolívar al dólar. Lo peor: esto lo esconderán bajo la excusa de soberanía, cuando, en realidad, el dólar ya forma parte del día a día del venezolano promedio.

 

Por tanto, y ante la imposibilidad de que haya una dolarización oficial en el bolivariano país, es indispensable e imperioso que haya una consciencia por parte de quienes, sin importar discursos o anuncios oficiales, usan el dólar como método de pago, incluso, hasta para cosas vagas como la compra de una chupeta o el pago de clases particulares.

Pero no es cualquier tipo de consciencia. Es una consciencia humana, de entendimiento y comprensión. De saber que tener un billete recién impreso por la Reserva Federal es un imaginario y que, obviamente, el dólar vale lo mismo así esté arrugado, usado, roto por encima, rayado con lapicero o hasta desteñido. El dólar, que ya es una moneda mundial, básicamente; vale más que la falsa idea de un comerciante.

Sin embargo, en la Venezuela actual se hace un tanto complicado el pensar o siquiera esperar tal consciencia. Existe, lamentablemente, una guerra interna entre los ciudadanos y consumidores, culpándose unos a otros, cuando, a ciencia cierta, la responsabilidad recae sobre las pésimas políticas que llevaron al país, que en otrora fue referencia, a ser motivo de éxodos masivos y desprecio por parte de millones.

¡Es triste! Claro que sí. Pero es una realidad que solamente los venezolanos podrán cambiar, utilizando, en lugar de la avaricia, el sentido común, la lógica, la consciencia y, primero que nada, la solidaridad; pues no es menos cierto que esa precaria situación de Venezuela pareciera no tener fin, al menos de momento.

La unidad de los hombres y pensamientos es necesaria, siempre que se quiera ‘echar palante’, como dicen los venezolanos.

@jherreraprensa

OPINIÓN | (I parte) La falsa dolarización en Venezuela

OPINIÓN | (I parte) La falsa dolarización en Venezuela

 

La dolarización es un hecho económico en donde todo lo que concierne al movimiento de dinero, fondos y pagos de un país se maneja con la moneda estadounidense. Es un proceso que han atravesado unos tantos países que, ante fuertes crisis, se acoplan a una medida un tanto drástica que les permite resurgir, a veces, desde los más bajos niveles.

En la historia han ocurrido muchos procesos de dolarización, varios de estos muy interesantes, sobre todo por la forma en cómo se han ejecutado. ¡Se han salvado economías gracias a ese billete verde tan criticado por los gobiernos revolucionarios!

Es un hecho clave. No se puede ignorar, pues la realidad es que básicamente todo se maneja en dólares, tanto que se ha manifestado en mercados e índices que controlan la economía mundial.

Tanta es la relevancia de la divisa estadounidense que se ha inmiscuido en naciones en donde gobernantes se han opuesto a su libre utilización. La satanización de Washington, Lincoln, Hamilton, Jackson, Grant y Franklin; ha sido una pieza clave para convertir la economía en una política irreversible de tendencias izquierdistas de las cuales hay ejemplos por montones.

Uno de esos ejemplos es Venezuela. Cuando el difunto presidente Hugo Chávez impuso los controles cambiarios comenzando el siglo XXI, la persecución de su gobierno hacia el dólar fue incesante. La tasa paralela (o llamado dólar negro) fue motivo suficiente para acusar y dañar a quien creyera en él. Ni la prensa podía publicarla. El control era absoluto, y la razón era clave: todo estaba relativamente bien en el país.

Pero pasó el tiempo y Venezuela entró en crisis…

Un civil, arraigado a la izquierda y seguidor de Chávez, de nombre Nicolás Maduro; tomó el poder tras el fallecimiento del líder socialista y luego el pueblo lo eligió democráticamente en 2013 para seguir gobernando la nación. Avanzaron los años y en 2017 todo colapsó: Llegó la hiperinflación, con ella la escasez y el fusilamiento del poder adquisitivo. El salario mínimo pasó de ser uno de los más competitivos del mercado al más bajo en América Latina (actualmente, por debajo del dólar). El panorama de la otrora nación petrolera rica se oscureció. Un nubarrón marcado por la corrupción, la desinversión, la dependencia económica basada en el crudo y, claro, sanciones; borraron del mapa a ese país que llegó a tener una de las economías más fuertes de todo el hemisferio.

Pero la idiosincrasia pudo más. Entre 2019 y 2020, los venezolanos, ya golpeados y arrastrados por una enorme crisis, decidieron salir adelante, impulsados por la economía que, como un ser vivo, decidió surgir de entre las cenizas. Un ecosistema bello del cual derivarán estudios que mostrarán qué tan necesaria se hace la noción monetaria para la subsistencia del ser humano.

¿Pero qué pasó? Tal como en otros países, llegó la dolarización. El dólar comenzó a incursionar en la economía. Primero en bajas cantidades, luego fue moderándose y actualmente, básicamente todo en Venezuela se maneja con la divisa estadounidense. Los padres fundadores de los Estados Unidos parecieran haber llegado a salvar a la bolivariana nación prócer de la independencia de las Américas.

Y es tanto que la política del difunto Chávez quedó atrás. Maduro, en una búsqueda por mantenerse en el poder (a pesar de las múltiples desestabilizaciones que ha sufrido su gobierno), dejó de perseguir el dólar (como su predecesor) y vio en el billete verde una “válvula de escape”. Así mismo lo dijo él en una entrevista.

Todo ahora puede ser cotizado en dólares. Lo que en un momento fue solamente para inmuebles o bienes; ahora pasó a ser hasta para golosinas. Absolutamente todos los rubros en la Venezuela del 2020 se cotizan en dólares.

¿Y esto está bien? Sí, claro que sí. Por supuesto que sí. En términos de economía, claro. A nivel social (o de consumidores) la historia cambia. Justo en este punto la preciada dolarización, que para la economía venezolana ha servido como una bombona de oxígeno, se vuelve falsa, mentirosa y hasta hipócrita.

¿Pero por qué aseveramos con tal propiedad? Es algo sencillo y sumamente criticable: En la Venezuela chavista y bolivariana, de izquierda y socialista, en donde el dólar es pieza clave para que se evite el colapso de la economía; los dólares doblados, rayados, algo rotos o simplemente usados, son rechazados por los comercios, consumidores, Pymes y hasta por el ciudadano de a pie. ¡Existe aversión por el único instrumento que ha salvado a la economía de la debacle!

Es una dolarización falsa, sin más ni menos, pues no hay motivo real o que haga comprender el por qué se suelen rechazar los billetes que presentan imperfecciones. Pareciera, incluso, que la lógica faltase en quienes viven en el país, pues es claro que, a no ser que sea por canales irregulares, nunca en Venezuela habrá piezas de dólar recién impresas por la Reserva Federal. ¡Una dolarización formal es imposible con el gobierno de Maduro! Ellos mismos, además, lo han llegado a manifestar.

Lo peor del tema es que ese condicionamiento para el manejo del dólar no existe en otros lugares que adoptaron la divisa como moneda primordial. En otros países, pudiéramos decir, existe la consciencia de que no importa cuán arrugado pueda estar un billete: su valor seguirá siendo el mismo.

Lo lógico, claramente, es que tampoco se acepten billetes cortados y unidos con pegamento o cinta adhesiva; pero tampoco que haya exigencia de perfección en un instrumento que, como ya dijimos, ha fungido de salvavidas para la moribunda economía venezolana.

En simples palabras: se trata del sentido común.

Y si comparamos la situación más a fondo con la dolarización o uso del dólar en otros países, tendríamos que extendernos mucho más; por lo que, a fines de comodidad, lo dejaremos para otra entrega.

@jherrereprensa

OPINIÓN | Rivalidad EEUU-China: ¿Es de verdad o ambos se necesitan?

OPINIÓN | Rivalidad EEUU-China: ¿Es de verdad o ambos se necesitan?

 

Hemos visto en los últimos días cómo ha corrido como pólvora todo lo concerniente a Estados Unidos y China. Las tensiones entre ambos países acrecentaron a niveles nunca antes vistos, que hasta pasaron por cierre de consulados generales. Claras muestras de que el tema diplomático es muy delicado entre las dos superpotencias mundiales.

Pero, ¿qué hay detrás de todo esto? Es un tema que se debe analizar, porque, así como ha sido noticia todo lo que tiene que ver con tensiones provocadas por ideologías dispares; es igual de relevante que, aun en medio de tanto caos y palabras vacías, esos dos países que al frente de las cámaras y periodistas parecieran no quererse, se comprometen a seguir su acuerdo comercial, rubricado en su primera fase en enero, cuando la pandemia no parecía ser tan seria.

Es cierto que EEUU ha acusado a China, en innumerables ocasiones, de querer robar material sensible, de ser una amenaza a la Seguridad Nacional; han increpado, desde la Administración de Donald Trump, al Partido Comunista Chino y lo culpabilizan de todos los males actuales que se ciernen sobre la nación norteamericana desde la llegada del virus.

Lo mismo hemos visto por parte de China hacia EEUU. Los acusan de vilipendio, de mentir, de manipular, de jugar sucio y de emprender una batalla no convencional que, dicen ellos, afecta en gran medida a quienes menos esperan.

Tanta ha sido la pelea que hasta aplicaciones chinas como TikTok y WeChat salieron a relucir y se ven obligadas a vender sus operaciones a un comprador estadounidense, pues de lo contrario, no podrán utilizarse nunca más en ningún territorio de EEUU. Así mismo. Fue una orden ejecutiva firmada por Trump en la Oficina Oval.

¿Pero es esto cierto?

Los desvaríos se hacen cada vez más notorios. Si recordamos hace unos pocos días atrás, el mandatario republicano, ahora nominado para su reelección a la Presidencia de los Estados Unidos; decía, a voz pópuli, que no quería hablar con China, que el ‘daño’ que le habían hecho al mundo y a su país con el coronavirus era mucho. “No quiero hablar con China ahora”, dijo textualmente, no sin antes sobrecargar la información de que, en efecto, ese país tiene gran responsabilidad por la locura que ha desatado el tema Covid-19.

Lo recalcó Trump con respecto a las conversaciones que en esa semana estaban pendientes precisamente por el tema del acuerdo comercial que, como ya dijimos, sigue en pie, aun con tanta maroma y teatro.

Lo sospechoso es que, poco después de que el inquilino de la Casa Blanca afirmara su poca disposición para entablar conversaciones con el gigante asiático, se reveló la notica: reafirmado el compromiso de ambas partes por el cumplimiento del acuerdo en Fase Uno.

¿Qué habrá hecho repensar a Trump? ¿Es en serio que no quiere hablar? ¿Quiere, pero no? ¿Cómo es el tema? Son las dudas que, desde luego, ponen en tela de juicio lo que el presidente estadounidense realmente quiere hacer.

Si es por responder, nos animamos a decir que, precisamente, Trump sí quiere hablar con los chinos, pero por temor a la recesión económica que ya ha estado mostrando sus colmillos en EEUU. Se quiera o no asumir, el gigante americano necesita del gigante asiático para apoyarse y crecer, aun acusándolo y culpándolo de la crisis del coronavirus. China, como sabemos, está en todo.

Pero ni corto, ni perezoso. Para China esto es excelente, pues si bien existen las disparidades con EEUU, no hay mayor comprador para ese país que América, no hay rival más gustoso que el Tío Sam, no hay nada, al menos en política, que valga más que el dinero; y estos dos gobiernos lo saben.

Los opuestos se atraen y cuando hay dólares de por medio, se hacen inseparables.

@jherreraprensa

OPINIÓN | ¿Las energías alternativas cuándo serán la opción?

OPINIÓN | ¿Las energías alternativas cuándo serán la opción?

El Acuerdo de Paris: ¿La solución?

Debilidad para unos, fortaleza para otros, necesidad para todos. La energía marca las agendas de los países a diario. Para ello, nos debemos remontar al año 2016, cuando se logró alcanzar El Acuerdo de París, el primer acuerdo universal y jurídicamente vinculante sobre el cambio climático, adoptado en la Conferencia sobre el Clima de París (COP21) en diciembre de 2015.

Este precitado Acuerdo, establece un marco global para evitar un cambio climático peligroso manteniendo el calentamiento global muy por debajo de los 2 °C y prosiguiendo los esfuerzos para limitarlo a 1,5 °C. También aspira a reforzar la capacidad de los países para hacer frente a los efectos del cambio climático y a apoyarlos en sus esfuerzos.

La Unión Europea ratificó formalmente el Acuerdo el 5 de octubre de 2016, lo que permitió que entrara en vigor el 4 de noviembre de 2016. Para ello, al menos 55 países que representasen al menos el 55% de las emisiones mundiales debían depositar sus instrumentos de ratificación.

Y las grandes potencias mundiales y aquellos que producen la mayor cantidad de emisiones, tales como China e India, lo ratificaron, pero esta ilusión duró poco tiempo, porque en Junio de 2017 el Presidente Norteamericano Donald Trump, decidió de manera unilateral retirar a Estados Unidos de este acuerdo, uniéndose a Siria y a Nicaragua, como los únicos países que no están en línea con el Acuerdo.

Trump dijo en su momento que abandonar el Acuerdo de París ayudará a las industrias de petróleo y carbón de su país y a la generación de empleos. Para el mandatario, el acuerdo aprobado en la capital francesa es una «redistribución masiva de la riqueza estadounidense a otros países». Además condenó lo que llamó «draconianas» cargas financieras y económicas impuestas por el pacto a su país.

Sin duda que esto fue un gran respaldo al llamado “lobby petrolero”, el cual domina desde hace muchos años la economía norteamericana, sobretodo en un momento cuando el denominado Shale Oil producto de la técnica operativa del Fracking, empezaba a inundar la demanda petrolera mundial, incidiendo de manera directa en los precios del crudo.

Este movimiento, no esperado por los países de la Unión Europea, fue un rudo golpe a sus aspiraciones de bajarle grados centígrados al mundo antes del año 2100, pues estaban contando con hasta ese momento, las incondicionales inversiones norteamericanas, para alcanzar el objetivo.

Poco después del discurso de Trump, en un comunicado conjunto, Alemania, Francia e Italia señalaron que el Acuerdo de París no puede ser renegociado, ya que es una «piedra angular de la cooperación entre países, es un instrumento vital para nuestro planeta, nuestras sociedades y nuestras economías», indica el texto.

Nuevas Estrategias… porque la “Descarbonización” no se detiene

Sin duda, que ante esta situación, nuevas estrategias políticas empezaron a ser trazadas, una vez que los acercamientos políticos no resultaron posibles y es que la disponibilidad de recursos energéticos de cada país determina las políticas energéticas de los Estados.

La mayoría de ellos empieza a asumir la necesidad de apostar por fuentes menos contaminantes para abastecerse de energías más limpias, pero no todos afrontan esta realidad de la misma forma.

Países energéticamente pobres, si los medimos por la cantidad de reservas de crudo (en especial algunos europeos entre los que se destacan Francia, Alemania, Italia y España) intentan resolver la situación de distintas maneras, aunque todos ellos tienen que hacer estos movimientos en entornos complicados.

La pertenencia a un ente supranacional como en el caso de los países europeos, la volatilidad de los precios de las materias primas, las relaciones internacionales con otros Estados y en algunos casos la presión pública y las organizaciones medioambientales son factores que influyen directamente en este tipo de políticas.

Sin embargo, debemos destacar que la Vieja Europa, no se ha quedado de brazos cruzados, tanto así que la generación con fuentes renovables creció un 11 %, en el 2019, debido a nuevas instalaciones eólicas y solares y las condiciones templadas y ventosas a principios del año. La proporción eólica y solar alcanzó el récord del 21 % en la generación total de Europa, con niveles más altos en Dinamarca (64 %), Irlanda (49 %) y Alemania (42 %).

La generación de energía fósil cayó un 18 %, presionada por la creciente producción renovable y un descenso del 7 % en la demanda de electricidad debido a la pandemia de covid-19. El mayor golpe lo sufrió el carbón, que descendió un 32 %. Incluso el gas registró un descenso del 6 %, cayendo su proporción en 11 países. Como resultado el sector energético de la UE redujo en un 23 % sus emisiones de dióxido de carbono entre enero y junio de 2020.

Las estadísticas se publican la misma semana que la UE ha acordado un paquete de recuperación económica contra la paralización causada por la pandemia del COVID-19, que incluye la asignación de miles de millones de dólares para iniciativas medioambientales.

Pero como hemos visto hasta el momento, estos esfuerzos están direccionados a los países de la Unión Europea, las grandes potencias económicas, léase China, Rusia, India entre otros, hacen sus esfuerzos por cumplir con lo estipulado en el Acuerdo de Paris, mientras la Potencia Mundial camina por la acera del frente, enfocándose en la situación interna, tanto así que este tema ha tomado un cariz político.

Las Estrategias Políticas en Estados Unidos: ¿Cuál vencerá?

Es ya conocida la posición del actual Presidente norteamericano con respecto a las Energías Alternativas, el cual es prácticamente nulo, en cambio el candidato opositor el ex Vicepresidente Demócrata Joe Biden, en fecha reciente y en plena campaña en su oferta electoral, ha presentado un plan de 2 trillones de dólares que propone que la red eléctrica dependa únicamente de la electricidad «limpia» para 2035.

El plan, que también exige grandes inversiones en eficiencia energética y vehículos eléctricos, sobretodo en la reconversión de la red eléctrica, se compromete a eliminar la «contaminación por carbono de las centrales eléctricas para 2035».

El plan continúa diciendo qué «dentro de cinco años, se instalarán 500 millones de paneles solares, incluidos ocho millones de techos solares y sistemas comunitarios de energía solar, y 60,000 aerogeneradores fabricados en América».

Pero existen críticos a esta propuesta que la están viendo, como un instrumento más político que operativo y ponen como ejemplo, que la propuesta también puede estar ignorando los enormes conflictos de uso de la tierra rural en los Estados Unidos por el establecimiento de proyectos de energía renovable.

Una característica particular es que los mejores lugares para albergar parques eólicos masivos y paneles solares tienden a no estar muy cerca de donde la gente vive, trabaja y usa electricidad. Para la energía eólica en particular, la tierra más privilegiada del país se encuentra en las áreas escasamente pobladas en las grandes llanuras de la sección media de la nación.

Pero como vemos, todas estas propuestas traen consigo el elemento político, no olvidemos que el primer martes de noviembre de este 2020, se realizarán las elecciones presidenciales en Estados Unidos, en donde se presentan como hemos visto propuestas totalmente diferenciadas.

También hace su aparición el elemento económico representado en grandes inversiones, por los países que tienen el músculo económico para hacerlo, es decir, Estados Unidos de América, los componentes de la Unión Europea y las otras grandes potencias Económicas, entre las que destacan: China, Rusia e India.

Pero la pregunta es: ¿De verdad Son las Energías Alternativas, la opción para cambiar el calentamiento global?, de primera pareciera ser la opción, pero no debemos olvidar lo cuantiosa que son sus inversiones en especial en esta primera fase, si la podríamos llamar de esa manera, en donde la investigación para generar nuevas tecnologías, sus licencias y derechos de autor tendrán un peso específico.

Entonces pasamos al siguiente nivel, ¿Cuántos países en el mundo cuentan con la fuerza económica para invertir en estos tipos de tecnologías y de esa manera dar su aporte para que se cumpla el Acuerdo de París?

Un amigo me dijo una vez, las Energías Alternativas, serán una realidad, cuando veamos que los carros que circulen en los países que forman parte de África, Asia y Latinoamérica sean eléctricos y tengan las facilidades para recargar su “combustible” eléctrico, en una estación de servicios “Eléctrica» y cuando esos usuarios en esos países, generen un ingreso pércapita que le permita tener acceso a estas facilidades.

Conclusión:

Pareciera que todavía queda mucho por andar, en el sector de las Energías Alternativas, mientras tanto la Matriz Energética sustentada en el crudo y sus derivados y que ha acompañado los últimos 100 años de crecimiento económico de la humanidad va a mantener su dominio por un tiempo más; entre otras razones, porque todo este movimiento pareciera estar dirigido no solamente en su infraestructura e inversiones, a compensar, la deficiencia energética de Europa, poniendo al descubierto que la globalidad del proyecto, si se hace realidad, no tendrá beneficios inmediatos en los países con menos fuerza económica, pero con mucho potencial en sus recursos naturales.

Para finalizar, debemos asumir que de un tiempo para acá es un dominio compartido, pero con una diferencia porcentual muy diferenciada y marcada a favor del Crudo y sus Derivados.

Referencias:

El Mundo: Economía y Negocio, BBC Mundo, Real Instituto Elcano. Institute for International Policy Studies. Global Security. Wikipedia. Conferencia sobre el Clima de París. Globalresearch.com, El Universal.com, Sputniknews.com. El Confidencial.com. Ember Institute.com.,OPEP.com. RT.com. Eluniversal.com. El país.com, Investing.com

Autor

Lenín David Rodríguez A.

Lenín David Rodríguez A. Abogado y Licenciado en Geografía, con Post Grado en Derecho y Política Internacional. Profesor de la Materia Geopolítica del Petróleo, en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Docente de Notabilis Energy, Empresa Internacional de Adiestramiento, especializada en el área de Hidrocarburos. Asesor en la Industria Petrolera.

Correo electrónico: lenindavidrodriguez@gmail.com

Instagram: @lenindavidrodriguez

Twitter: @Leninarbitro

OPINIÓN | La viveza criolla: Una deleznable y repudiable realidad

OPINIÓN | La viveza criolla: Una deleznable y repudiable realidad

 

La semana pasada conversamos acerca de la fuerza que han adquirido los emprendimientos hogareños en Venezuela, país bastante golpeado por la crisis económica ya preexistente a la pandemia del Covid-19. Evidenciamos que, en efecto, esta práctica se ha vuelto una forma no ortodoxa de los golpeados habitantes por subsistir.

También dejamos abierto un tema que concierne a este  tipo de negocios tras las puertas de quienes no hacen más que buscar maneras alternas de hacerle frente a una hiperinflación de más del 55% en un solo mes (de acuerdo al Parlamento de ese país). Hablamos pues del canibalismo económico.

¿Qué es el canibalismo económico? Sencillo y puntual de responder: es el énfasis y el afán de vender, a como dé lugar, sin importar qué o a quién. Es una forma de querer, a buenas y a primeras, ejercer una suerte de ‘minimonopolio’ en una urbanización, residencia, zona, barrio o lugar. Y además, es la representación palpable de la ‘viveza criolla’.

El lema es lógico: No hay para nadie.

El hecho es que vemos, recelosos, cómo estos venezolanos han dejado de lado la necesaria solidaridad y en lugar de dar espacios para que todos puedan luchar por sobrevivir, se hacen de todo, se dañan entre si y buscan, en consecuencia, que todo dependa de ellos. Son, en efecto, una pequeña muestra del gobierno socialista de ese país. Una viveza criolla casi imborrable.

Pero va mucho más allá de ese llamado ‘minimonopolio’. Es que además de cortar espacios a otros, todo lo que comercian lo hacen a precios exorbitantes y lo más delicado es que se ven apoyados en la cuarentena obligatoria por el Covid-19 que en ese país ya ha infectado a más de 27 mil personas desde marzo.

Y siguiendo la línea de lo delicado, es que la mercancía que venden en sus hogares o puestos improvisados es adquirida a precios medianamente accesibles o compresibles. Adquieren mercancía con precios marcados por cadenas de supermercados, e incluso en locales mayoristas. Pero luego que ya la tienen y la colocan a la venta, el precio original es doblado, redoblado y hasta triplicado. Aquello de ayudarnos mutuamente, la ganancia prudente y razonable se olvida ¿A qué fin? No sabemos si buscar más ganancia o simplemente jugar con la necesidad de cada quien, lo importante es vender y ganar a costa del necesitado, ganar bastante ganar de mas a costa  del vecino, del amigo

Literalmente, todo se enfrasca en que, como es más cerca, más caro debe ser, más costoso debe salir y si te gusta, pues cómpralo; si no, “resuelve”. Una dura realidad. Dura, reprochable, criticable, deleznable y repudiable realidad. ¿Dónde queda la venezolanidad?

No está mal

Lo que queremos aclarar es que no está mal, en lo absoluto, querer emprender. La inflación, la crisis, la necesidad, el hambre, Venezuela en sí; hace necesaria la subsistencia económica a como dé lugar.

Pero lo criticado yace en que no es aceptable que quienes, valiéndose de la necesidad, omitan la humanidad que todos debemos tener y decidan aprovecharse, cual vivos criollos, de una precaria situación, empeorada por una pandemia y que no tiene luces de mejorar ni en el corto ni mediano plazo (hay quienes vaticinan que en el largo tampoco).

Lo criticamos y rechazamos que suceda de esta forma pues antes que nada, en tiempos pandémicos o de crisis, debe privar la consciencia ciudadana por el bienestar social. Y no es que seamos de izquierda. Es que somos humanos. Conocemos y vivimos la realidad.

Simplemente somos venezolanos…

 

@jherreraprensa

Fotografías sujetas a su derecho de autor. 

OPINIÓN| El rezago económico de España

OPINIÓN| El rezago económico de España

  

España ha sido el territorio más golpeado por la pandemia de Covid- 19. Según los indicadores de La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), ha sido el país que registró una mayor caída en los datos de julio. Mientras que la media de los países industrializados se anotaba un repunte del 0,98%, la actividad en España retrocedía un 0,63%.

El producto interior bruto (PIB) español sufrió entre abril y junio una contracción del 18,5% trimestral, es decir, superior a las bajadas registradas en las otras principales potencias de Europa, a excepción de Reino Unido (-20,4%).

El Banco de España ya había apuntado que la economía española tiene una composición sectorial que hacía que, para unas restricciones similares por la pandemia, su actividad cayese más que la del resto de la zona euro. Sobre todo por el mayor peso del turismo, la hostelería, las actividades de ocio y el transporte.

Según los datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el valor añadido del sector de la hostelería, el comercio y el transporte se ha hundido un 47% desde el inicio de la crisis.

Otro factor que ha influido de manera muy negativa en el derrumbe de la economía española, ha sido la amenaza continua de subida de impuestos. Este tipo de anuncios, además de contribuir a reducir el consumo, constituye un freno y un desincentivo para la inversión empresarial.

Los analistas concluyen que el estricto confinamiento en España explica por qué la caída del PIB es una de las más amplias del mundo, sin embargo apuntan que hay que acudir a otros indicadores para comprender por qué ésta economía se ha quedado rezagada.

Capacidad  de trabajo desde casa

La reducción de la movilidad en España fue mayor que en otro país. Los españoles se mantuvieron alejados del trabajo en mayor número y durante más tiempo en comparación con cualquiera de las demás potencias del G-20.

Una de las vulnerabilidades frente al coronavirus más dañinas para España, ha sido la baja capacidad de implantar el teletrabajo en comparación con el resto de Europa. Según la OCDE, solo el 30% de los trabajos en España son susceptibles de hacerse de forma remota, un número que cae al 20% o menos en varias regiones del país.

Esto supuso que las medidas de confinamiento fueran más caras frente a otras regiones, porque un mayor número de empresas directamente no pudo continuar con su actividad, conduciendo a una caída más fuerte de la producción.

Un sector turístico sobredimensionado

La pandemia limita el contacto social y la movilidad. El sector turístico representa en torno al 12% del PIB y el empleo en España. Por esta razón, es el país que tiene mayor porcentaje de trabajadores temporales en la Eurozona. Un hecho que, frente al coronavirus, ha representado una mayor debilidad.

Mayor porcentaje de pequeñas empresas

El porcentaje de pequeñas y medianas empresas (pymes) en España es uno de los más altos en Europa. Este tipo de compañías suponen el 72% del empleo en el país, frente a la media del 66% de la Unión Europea (UE).

Las empresas más pequeñas suelen tener reservas de efectivo muy limitadas y tienen más dificultades para acceder a una financiación favorable. Por lo tanto, la interrupción de los ingresos inducida por la pandemia es un golpe mucho más fuerte para muchas de ellas, tomando en cuenta que en su mayoría, estas empresas se dedican al turismo.

Respuesta fiscal deficiente

España carece de estímulos económicos. Dados los altos niveles de la deuda, el tamaño de la respuesta fiscal a la crisis ha sido relativamente pequeña en comparación con la mayoría de los países pares al territorio europeo.

Los expertos aseguran que las ayudas de la Unión Europea a través del Fondo de Recuperación, no se notarán hasta la segunda mitad de 2021, aunque aseguran, que supondrán un impulso significativo para las perspectivas de crecimiento, especialmente por el lado de la inversión en el primer semestre del año que viene. Pero en el corto plazo, advierten los analistas, solo un apoyo fiscal sustancial por parte del Gobierno de España podría evitar quiebras generalizadas en los sectores más afectados.

Oxford Economics calcula que la economía española continuará siendo un 7% más pequeña a finales de 2020 con respecto a antes de la crisis.