El INE publicaba una de las estadísticas que más me gusta analizar cada año. Es decir, cuánto ganan los más de 17 millones de asalariados que trabajan en nuestro país.

Los resultados principales probablemente no hayan sorprendido a casi nadie: el salario medio mensual (en términos brutos) ascendió a 2.128,4 euros en 2022. Mientras tanto, el salario mediano se situó en 1.814,0 euros.

Es decir, la mitad de los españoles gana menos de 1.814 euros. Y eso en términos brutos (antes de que pasen Hacienda y la Seguridad Social a recoger lo suyo) y prorrateado a doce meses (es decir, esto equivale a un sueldo de algo más de 1.550 euros dividido en catorce pagas). A un sueldo bruto de 1.800 euros hay que sumarle las cotizaciones sociales a cargo del empleador, que rondan el 32-33% de esa cifra, por lo que el sueldo bruto real estaría más bien en el entorno de los 2.400 euros.

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A través de los grandes agregados, el INE recuerda que decil 3 (es decir, el 30% de los trabajadores que menos cobran) termina en 1.440 euros al mes en doce pagas; y el decil 8 (que da paso al 30% de los que más ganan) comienza en 2.374 euros.

Como casi siempre, la mirada se va a los niveles inferiores. No sólo lo del primer decil, que podría explicarse por jornadas a tiempo parcial o contratos de prácticas. Sino a esos 1.440 euros (apenas un poco más que mileuristas si se mira en catorce pagas que cobra, como máximo, casi un tercio de los asalariados españoles). Sin embargo, la mirada casi siempre se va a los tramos superiores. Ahí están los profesionales como algunos periodistas, profesores de universidad, economistas, empleados del sector financiero o directivos de nivel medio). Y, por supuesto, frente a la retórica del Gobierno sobre los ricos, los pocos impuestos que pagan, el margen que hay para cobrarles más, su culpa de los bajos sueldos del resto de trabajadores… Frente a esas acusaciones, lo primero que se viene a la cabeza cuando lo veo es lo ridículo de esas cifras (comparadas con el tipo de empleo que tienen, la responsabilidad o la carga laboral) y lo mucho que nos dicen (para mal) de la economía española.

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Según el INE, el decil superior en España comienza en los 3.629,74 euros al mes (repetimos, en bruto y prorrateados en doce pagas; poco más de 3.100 euros en catorce pagas; apenas 43.550 euros al año). Sé que el que gana 1.300 euros pensará «quién los pillara», pero es una miseria en los términos habituales para este tipo de puestos. A cualquier empleado de nivel medio que viva en Copenhague, Ámsterdam, Londres o Estocolmo le daría vueltas la cabeza si supiera que eso es lo que gana no el español medio… sino el privilegiado, el rico, el 10%.

Por estudios, el desglose es igual de desolador: Los que no tienen ningún título o sólo han completado la educación obligatoria ganan de media 1.465 euros; para los que tienen educación secundaria superior, hablamos de 1.680; para aquellos con titulación superior, el sueldo medio alcanza los 2.647,8 euros. Hay prima de educación pero esto no es normal. 

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El economista Jesús Fernández-Villaverde, cuando le preguntaron si no se arrepentía de haber dejado España por la fría Pensilvania, el especialista respondió: Si me hubiese quedado estaría ganando un sueldo bajo. Me tendría que haber peleado con un sistema que lo único que premia es la mediocridad.

Hasta ahora, las empresas más grandes pagan más que las pequeñas. Más del 50% de los que trabajan en centros de más de 250 empleados ganan 2.373 euros o más. Esto debido a la productividad (esas empresas deben remunerar lo que sus empleados hacen porque, si no lo hacen, otras lo harán y se los llevarán).

Tres conclusiones

Primera conclusión: productividad, productividad, productividad… 

En segundo lugar, se habla mucho de fuga de cerebros, de la nueva economía o de atracción de talento. Pagando estos salarios no atraen a personal calificado.

Por último, el lugar en el mundo y la idiosincrasia española.

Adaptado de Libre Mercado.